Antonio Porchia, "VOCES"
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GRAFFITIS EN MADRID MADRID

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Estranha forma de vida -Dulce Pontes- -Amália Rodrigues-

ENRIQUE MOLINA

ENRIQUE MOLINA
Dalí, "El Puente Roto Y El Sueño"
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Jascha Heifetz

sábado, 4 de julio de 2009

¿CELOS...? /// Kansas Dust in the Wind live unplugged




¿CELOS...?







Asturias



No importa la verdad, vivimos cuatro días y se trata de perdurar, ha encontrado la manera de saquear, y saquea. Le ha cogido el gusto a eso, cuanto mayor debiera ser su percepción de la gravedad de su estado, se ha especializado en el mecanismo de invertir de tal manera a los actores de los hechos, que no pasa ni un solo día sin que se precipiten, cada vez a más velocidad, todas las reacciones que se ha encargado de generar en mi entorno. Esta tarde pasaron algunas cosas que me permitieron abrir una fisura en este cautiverio en el que llevo girando de una esquina a la de enfrente en los últimos cinco años. Por ahí hablan de botín, de venganzas, de batallones, de actos heroicos bellamente contados y rubricados y felicitaciones a tan tremenda hazaña, no tienen el más mínimo reparo en atacar con toda la certeza que les permite su ignorancia. Por mi parte, la repugnancia no puede ser mayor, me veo obligada a marcharme de todos los sitios porque ha instaurado como la única manera de convivir, el funcionamiento de la horda. La envidia hierve en esos escenarios como la lepra misma, como una célula caótica que posee la cualidad de devastar sin piedad todo aquello que crece, que florece, que embellece; la doblez con la que finge en todas las ocasiones es de una frialdad espeluznante, él cree ser yo, no importa que no lo sea, si él lo cree y el mundo no le demuestra que no lo es, yo tengo que hacer todo el trabajo de levantar día tras día, paso tras paso, lo que él derribe. No tiene ni la menor idea de cómo le veo yo, se limita a reaccionar con golpes ciegos, cada día más ciegos, cada minuto más violentos y agresivos.




Podría estar aquí hablando de otras cosas, escribiendo como siempre lo hice, pero esto ya pasó y si a él no le agrada lo que digo, rompe. Lo rompe todo, se introduce por todas las rendijas, lee los mismos blogs que leo yo, si le cierro la puerta a un disfraz, aparece no con otro, sino con cuatro más. Por romper, llegó a romper un lector de cds., algo que, claro está, tampoco puedo demostrar. Algunos de los libros que escribí, él se debió creer que los escribimos juntos y que, llegado el caso, me haría el gran favor de publicarlos él por mí… lo que no me dijo fue con qué nombre. No importa, a él la legalidad le viene grande, sería un título honorífico burlar también ese derecho. Me admira, me admira tanto que no ha dejado de mirar en nueve años. Y yo le odio, ya sí, yo que he repelido el odio como la soga al enemigo, no me ha quedado más opción que odiarle, le odio hasta el punto de que imaginando que por un rato se siente desvalido, en vez de sentir ternura como antes tantas veces sentí, siento que apenas ha comenzado alguna separación. Deseo que le hagan daño, que le lean por dentro lo plagado de rabia que está, lo estúpido que es, deseo que se vaya, que nunca jamás encuentre la manera de volver, deseo en realidad y por encima de todo, INDIFERENCIA.


Deseo la indiferencia si tiene frío, la indiferencia si le va mal, la más torunda indiferencia si le abandonan, si no le quieren, si pierde los sueños, si no vuelve a soñar, si se ve ruin y feo; si volviera a sufrir otra vez porque a mí me creyera enorme, grande y deseable, indiferencia; si se cometen injusticias con él, indiferencia, si me sobra espacio y a él el suelo le oprime, indiferencia; si se ve viejo, arrugado, decepcionado, mortal, indiferencia; si de repente necesita tocar… una tarde, cuando se vaya a sentar en un sillón y le asalte de golpe una pregunta fuera de tiempo y de casa, también indiferencia; deseo que mi mano no quiera recoger un eso que se le caiga cuando le tiemble la mano. Deseo que se sienta herido y que esté herido de verdad, que se cometan injusticias con él, muchas, y si me resultara cómodo, añadir otra más; que sienta miedo, que sienta dolor y no amanezca y no recuerde el olor de los árboles ni el tacto del sol, que sea lúgubre y quede irremediablemente entristecido; que se muera, puesto que todos nos tenemos que morir, sin haber realizado sus sueños.



Deseo que no entienda este mundo y que el mundo no le comprenda a él, que viva con quien le de la gana y que jamás eso se le parezca a lo que él deseó; que se rompa, que se rompa en silencio, en un silencio interminable mientras alrededor de él bailan y cantan porque llegó su hora de romperse y no aguante de dolor y sienta por vez primera y demasiado tarde de qué hablaban esos poemas. Deseo que cuando ya se marche de este mundo las huellas de su vida se reduzcan a un puñado de dinero. Que nadie quiera sus camisas, que nadie llore sobre su pantalón, que tengan todos tanta prisa que no recuerden, que no recuerden, que no recuerden; que se vendan sus trozos de papel en librerías al por mayor, que sus amantes se junten para medir a cuál de ellas consideraba más cercana y la que elijan sea la más desconocida para él y que a mí no me nombre, que a mí prefiera no nombrarme cuando recuerde cuál es mi nombre, que no pueda nombrarme porque de hacerlo se le despertaría el tiempo en vendaval y entonces sería tarde y se tenga que marchar de este mundo habiéndose reducido a un simulacro, a muchos e infinitos simulacros, a copias y copias de aquello que leyó, que escuchó, que ni siquiera sintió porque le habían ordenado que no era eso lo que tenía que sentir. Que deje escrito un libro entero con todos y cada uno de los insultos que aprendió, que el libro le haga daño en los ojos cuando los quiera cerrar, que el tiempo se termine y las hormigas no le comprendan y se le llene la boca de telas de araña y se le sequen las lágrimas y raspen los pañuelos y que nadie le nombre, que se repartan sus ojos como si fueran una herencia.







Pilr García Puerta,4 de julio de 2009



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