Antonio Porchia, "VOCES"
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GRAFFITIS EN MADRID MADRID

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Estranha forma de vida -Dulce Pontes- -Amália Rodrigues-

La Foto del Invernadero



ENRIQUE MOLINA

ENRIQUE MOLINA
Dalí, "El Puente Roto Y El Sueño"

La Foto del Invernadero

Jascha Heifetz

sábado, 8 de agosto de 2009

SOL DE LA TARDE






De un tiempo a esta parte el mundo se ha convertido en un desconocido para mí, las cosas pequeñas, las de siempre, parecen ahora algo que todas las veces es lo que les pasa a los demás, algo lejano, mi mundo se tambalea entre los teóricos y los prácticos.
Pero eso no es más que otra manera más de decirlo, en general depende de cómo lo diga, así que diré que de un tiempo a esta parte no encuentro cómo decir que todo se ha vuelto una extrañeza.


También podría decir que el mundo se ha dividido entre los que escriben y los que no, la mayoría de las veces caer en este pensamiento hace que me resulte vano, demasiado fugaz lo que diría. Antes no era así, antes creía en la eternidad de la belleza, en que la idea de lo bello, tenía que ver con algo así como lo que prevalecía a las arremetidas y me siento en soledad frente a un mundo de titanes que, me pregunto, qué verán ellos dónde dicen que ven belleza. El mundo se me aparece demasiado pragmático, incomprensible y tanto los que escriben como los que no, persiguen las mismas cosas desconocidas para mí, mi vida se tambalea.


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Ambicionan, quieren acumular, en realidad debe ser que imaginan según sus propias maneras de imaginar y se hace imposible ninguna comunicación, se ahuecan las palabras, se inutilizan los sentimientos, las ideas se pelean entre palabras que pretenden ser lo que se escuchó. ¿El amor?, creo que ese es el más manipulado, el máximo subvertido, el recurso de a pie tanto para teóricos como para prácticos. Respecto a “él”, los escritores pueden hacer su agosto, pero todo queda en mentiras, porque lo escriben, a veces hasta lo escriben muy bien, pero después tienen ideas tan peregrinas, tan fuera de lo escrito, que dan ganas de no leer. El mundo se ha vuelto un estrambótico de mucho tiempo a esta parte… lo trágico y la alegría están repartidas como los que escriben y los que no.


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Y yo no tengo esperanza de poder cambiar eso ni siquiera en mi entorno, en realidad para qué iba a querer cambiar algo así más allá de lo que abarque con mis manos, el mundo se ha convertido en un lugar en el que todo se repite y no hay espacio para lo diferente. Entonces me dejo llevar por algo así como por la necesidad, por el impulso. No hablo de fuerza, mi alcance es muy pequeño, hablo quizás de contra-fuerza, de cuando me es posible no dejarme arrastrar por las arremetidas.

Utilizar mucho tiempo en escribir es por lo tanto algo bastante inútil, el mundo está gravemente dividido entre lo bello y lo real. Caminar hacia lo bello te puede traer muchas dificultades; quedarse en lo real, sencillamente se hace indeseable. El mundo está terriblemente equivocado cuando ambiciona la belleza como un bien ajeno, cuando no tiene límites ni piedad en invadir los pequeños momentos, las pequeñas ideas, las pequeñas sensaciones, las pequeñas maneras de escuchar, las breves y más pequeñas asociaciones que se producen frente a las cosas del mundo ya que son ellas y nada más que ellas las que otorgan o destierran la belleza. A mí esta noche, lo que me ha traído aquí es algo tan particular, si se quiere tan raro, que si lo digo fuera de la composición denominada poética, queda desperdigado a tal punto que ni se puede decir. Y esto es un hecho, ahora mismo está pasando, o lo callo y ya es censura, o si lo digo, tendría que cerrar este escrito, adoptar forma de versificación y desfigurarlo tanto que en nada se pareciese a esta noche ni a mí. Y eso ya lo recoge la teoría.


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Así que tendré que plantearme más seriamente cambiar de actividad, se me ocurre que lo que llaman pintura quizás sea posible. Siempre que no tenga pretensiones, siempre que no me deje arrollar por todo eso que ha hecho que la escritura sea un mundo de pragmáticos y terratenientes.


…Pero algo se sumerge, una especie de grito ahogado parece querer decir que el mundo se equivoca en sus ambiciones, en sus categorías y en sus destierros. Lo que me trajo aquí esta noche, fueron unos minutos que la luna pasaba delante de donde yo dormía y se desencadenaron a borbotones los miles de mundos sumergidos en las miles de noches de los miles de otros días que la luna pasaba por donde yo dormía. Si lo que digo tiene sentido, es el de ir a buscar esos mundos, no es una extraña palestra donde se muestren nombres y más nombres, sino algo que sirva para la vida.









Pilar García Puerta, 8 de agosto de 2009

sábado, 25 de julio de 2009

EL QUE CIERRA LAS PUERTAS


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EL QUE CIERRA LAS PUERTAS





Tira las llaves y se va,

construye un escondite



donde no escucha



la erosión de las uñas contra los huecos,


donde no se distinguen los sonidos


si se aproxima un fuerte viento que hace caer


el esqueleto de tanto como es de piedra


o la paja o el barro o la madera no se distingue,


no deja pasar los alimentos,


rozan constantes, una erosión,


se desfigura el rostro,


es ajena la propia voz, lo inconocido,


se amontona lo que se aleja,


no tantea, no palpa, cierra los ojos,


no pregunta, no cede,


dice que allí es aquí, no escucha,


adora un ídolo de papel.







Pilar García Puerta, 25 de julio de 2009




correarena /// The Englis Patient - Soundtrack











 


HQ ►► The English Patient - SOUNDTRACK - Ending Theme ◄◄






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correarena

Al otro lado del terror están las fuentes, los hijos, los sueños, los deseos, el sol.
Al otro lado de las humillaciones aún viven las palabras, el aire, las noches, el olvido.

Al lado opuesto al de la tortura, el dolor, el silencio, siguen creciendo flores, mariposas, claveles, aún viven los hombres y un río por la explanada donde pasó el verano, hay libros que me recuerdan nombres como el amor, como los árboles, danzas.


Al sitio inverso de ese que vengo, puedo tocar aún mi nombre, oigo el sonido al amanecer de otros amaneceres donde los carros y las fuentes despejaron la oscuridad y aquello era la vida.


A este lado de aquí donde jamás llegaron el terror ni sus huestes, aún se encaraman a jugar las mujeres, una mujer, a través de mis ojos.


Alzo esta voz que vuelve desde los más oscuros cementerios, desde las fosas afiladas, desde el escarnio donde imperó la muerte, aún puedo llorar.

Al sur, siempre al sur, viven las cosas escondidas, los pronombres ausentes, los días clausurados, se hace astillas la luz.



Pilar García Puerta, 25 julio de 2009














sábado, 4 de julio de 2009

¿CELOS...? /// Kansas Dust in the Wind live unplugged




¿CELOS...?







Asturias



No importa la verdad, vivimos cuatro días y se trata de perdurar, ha encontrado la manera de saquear, y saquea. Le ha cogido el gusto a eso, cuanto mayor debiera ser su percepción de la gravedad de su estado, se ha especializado en el mecanismo de invertir de tal manera a los actores de los hechos, que no pasa ni un solo día sin que se precipiten, cada vez a más velocidad, todas las reacciones que se ha encargado de generar en mi entorno. Esta tarde pasaron algunas cosas que me permitieron abrir una fisura en este cautiverio en el que llevo girando de una esquina a la de enfrente en los últimos cinco años. Por ahí hablan de botín, de venganzas, de batallones, de actos heroicos bellamente contados y rubricados y felicitaciones a tan tremenda hazaña, no tienen el más mínimo reparo en atacar con toda la certeza que les permite su ignorancia. Por mi parte, la repugnancia no puede ser mayor, me veo obligada a marcharme de todos los sitios porque ha instaurado como la única manera de convivir, el funcionamiento de la horda. La envidia hierve en esos escenarios como la lepra misma, como una célula caótica que posee la cualidad de devastar sin piedad todo aquello que crece, que florece, que embellece; la doblez con la que finge en todas las ocasiones es de una frialdad espeluznante, él cree ser yo, no importa que no lo sea, si él lo cree y el mundo no le demuestra que no lo es, yo tengo que hacer todo el trabajo de levantar día tras día, paso tras paso, lo que él derribe. No tiene ni la menor idea de cómo le veo yo, se limita a reaccionar con golpes ciegos, cada día más ciegos, cada minuto más violentos y agresivos.




Podría estar aquí hablando de otras cosas, escribiendo como siempre lo hice, pero esto ya pasó y si a él no le agrada lo que digo, rompe. Lo rompe todo, se introduce por todas las rendijas, lee los mismos blogs que leo yo, si le cierro la puerta a un disfraz, aparece no con otro, sino con cuatro más. Por romper, llegó a romper un lector de cds., algo que, claro está, tampoco puedo demostrar. Algunos de los libros que escribí, él se debió creer que los escribimos juntos y que, llegado el caso, me haría el gran favor de publicarlos él por mí… lo que no me dijo fue con qué nombre. No importa, a él la legalidad le viene grande, sería un título honorífico burlar también ese derecho. Me admira, me admira tanto que no ha dejado de mirar en nueve años. Y yo le odio, ya sí, yo que he repelido el odio como la soga al enemigo, no me ha quedado más opción que odiarle, le odio hasta el punto de que imaginando que por un rato se siente desvalido, en vez de sentir ternura como antes tantas veces sentí, siento que apenas ha comenzado alguna separación. Deseo que le hagan daño, que le lean por dentro lo plagado de rabia que está, lo estúpido que es, deseo que se vaya, que nunca jamás encuentre la manera de volver, deseo en realidad y por encima de todo, INDIFERENCIA.


Deseo la indiferencia si tiene frío, la indiferencia si le va mal, la más torunda indiferencia si le abandonan, si no le quieren, si pierde los sueños, si no vuelve a soñar, si se ve ruin y feo; si volviera a sufrir otra vez porque a mí me creyera enorme, grande y deseable, indiferencia; si se cometen injusticias con él, indiferencia, si me sobra espacio y a él el suelo le oprime, indiferencia; si se ve viejo, arrugado, decepcionado, mortal, indiferencia; si de repente necesita tocar… una tarde, cuando se vaya a sentar en un sillón y le asalte de golpe una pregunta fuera de tiempo y de casa, también indiferencia; deseo que mi mano no quiera recoger un eso que se le caiga cuando le tiemble la mano. Deseo que se sienta herido y que esté herido de verdad, que se cometan injusticias con él, muchas, y si me resultara cómodo, añadir otra más; que sienta miedo, que sienta dolor y no amanezca y no recuerde el olor de los árboles ni el tacto del sol, que sea lúgubre y quede irremediablemente entristecido; que se muera, puesto que todos nos tenemos que morir, sin haber realizado sus sueños.



Deseo que no entienda este mundo y que el mundo no le comprenda a él, que viva con quien le de la gana y que jamás eso se le parezca a lo que él deseó; que se rompa, que se rompa en silencio, en un silencio interminable mientras alrededor de él bailan y cantan porque llegó su hora de romperse y no aguante de dolor y sienta por vez primera y demasiado tarde de qué hablaban esos poemas. Deseo que cuando ya se marche de este mundo las huellas de su vida se reduzcan a un puñado de dinero. Que nadie quiera sus camisas, que nadie llore sobre su pantalón, que tengan todos tanta prisa que no recuerden, que no recuerden, que no recuerden; que se vendan sus trozos de papel en librerías al por mayor, que sus amantes se junten para medir a cuál de ellas consideraba más cercana y la que elijan sea la más desconocida para él y que a mí no me nombre, que a mí prefiera no nombrarme cuando recuerde cuál es mi nombre, que no pueda nombrarme porque de hacerlo se le despertaría el tiempo en vendaval y entonces sería tarde y se tenga que marchar de este mundo habiéndose reducido a un simulacro, a muchos e infinitos simulacros, a copias y copias de aquello que leyó, que escuchó, que ni siquiera sintió porque le habían ordenado que no era eso lo que tenía que sentir. Que deje escrito un libro entero con todos y cada uno de los insultos que aprendió, que el libro le haga daño en los ojos cuando los quiera cerrar, que el tiempo se termine y las hormigas no le comprendan y se le llene la boca de telas de araña y se le sequen las lágrimas y raspen los pañuelos y que nadie le nombre, que se repartan sus ojos como si fueran una herencia.







Pilr García Puerta,4 de julio de 2009